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El maltrato psicológico en las instituciones educativas, una realidad que desespera a madres y genera pánico en los niños.

Posted on: agosto 10, 2011


El maltrato psicológico en las instituciones educativas,
una realidad que desespera a madres
y genera pánico en los niños.
El proceso de adaptación es un momento muy sensible, mamá, niño e institución están
conociéndose.
La entrevista inicial, que lleva a los padres a optar por el que hasta el momento
creen, será el mejor jardín para su hijo, no es más que el primer paso de un camino que
recién comienza.
Es la etapa de adaptación, uno de los momentos más propicio para conocer la sabiduría
emocional de la institución a la que le entregaremos parte de la educación del ser que
más amamos, cuidamos y protegemos.
Si la experiencia es buena, el corazón se nos abrirá al notar la ternura y la
comprensión con la que la maestra acompaña la inseguridad, la desconfianza, el miedo,
la angustia, la incertidumbre que tanto mamá y niño están sintiendo en el proceso de
soltar aquello que resulta más seguro, cuidadoso y confiable.
Si esta actitud y disposición emocional está presente la adaptación logrará convertirse
en un proceso de comunión maravillosa, porque tanto mamá como niño podrán
expandirse ganando un nuevo espacio para crecer, nutrirse y ser. De este modo el
ingreso a la vida social será sinónimo de confianza, alegría y seguridad.

Pero me toca escuchar a diario que esto no siempre sucede y que este momento muchas
veces se transforma en una experiencia desgarradora para las madres sensibles e
intuitivas que logran ver, sentir y conocer una realidad que hasta ahora les resultaba
impensada.
Presión para que las madres se vayan antes de que los niños estén preparados, pedirles
que se escapen a escondidas presionándolas a traicionar la confianza que su hijo le
tiene, proponer métodos que tienen como base el engaño, la mentira, llantos
desgarradores de niños que desconocen el lugar, a las personas que lo habitan, que
buscan la protección y el amparo de mamá porque perciben la agresión de un ámbito
hostil cargado muchas veces de desprecios, amenazas, comparaciones, juicios, abuso de
poder, manipulación, violencia psicológica, falta de respeto a las necesidades naturales,
promesas que se rompen, confianza que no tiene cimientos para crecer,
descalificaciones frente a las reacciones emocionales naturales de los niños y las
mamás. Una fábrica de dolor y más dolor, soledad y heridas que sabemos tardarán
mucho tiempo en cicatrizar y una experiencia que irremediablemente lleva a construir la
creencia, no siempre aplicable a todos los ámbitos, que la sociedad es un lugar peligroso
para aquellos que hemos decidido no endurecer nuestro corazón para poder vivir.
¿Qué lleva, a las instituciones y a las personas que han decidido dedicar su vida a
realizar una tarea vinculada a los niños, actuar con tanta deshumanidad? Es una
pregunta que me hago cada vez que compruebo que estas cosas suceden con más
frecuencia de la que podemos imaginar. Y más allá de los matices personales que son muy variados, se esconde un denominador común, la ignorancia emocional con la que
también han aprendido a tratarse a sí mismos.
Entonces me pregunto: ¿Cuándo termina la cadena de violencia si desde muy pequeños
los adultos encargados de mostrarles un modelo de sociedad mejor empiezan con estos
modelos?
Yo prefiero, en estos casos, no creer en la mala intención de quién puede cometer
semejante error, más bien creo en el dolor que habita en el interior de toda persona que
muchas veces para pagar las cuentas y llegar a fin de mes, se maltrata a si misma del
mismo modo que luego maltrata a los demás. El tema es, que los niños, los seres más
vulnerables, sensibles e indefensos de la humanidad no pueden ni deben bajo ninguna
causa ser el punto de descarga de una sociedad que tiene enfermo y endurecido su
corazón.
Por eso mamás, toda vez que perciban estas prácticas lastimosas en las instituciones,
nómbrenlas, no las justifiquen bajo ningún punto de vista, no abandonen a sus hijos,
sigan a su corazón, confíen en su intuición, protejan a sus hijos de un sistema que no
escucha, no ve, no cuida lo más valioso que tienen ustedes…sus niños.
Y cuando se encuentren con maestras que son capaces de hacer de la vida de su hijo una
fiesta de amor y aprendizajes, nútranlas de ternura, reconocimiento, amor, y
agradecimiento porque todos podemos hacer algo para conseguir un mundo mejor.
Y recuerden que como maravillosamente lo expresó A. Einstein
“La palabra progreso no tiene ningún sentido
mientras haya niños infelices”

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